Antes de los nombres, una regla que resuelve buena parte de los casos: dónde duele. Lo que nace dentro de la articulación se siente en la ingle, adelante y profundo. Lo que nace fuera se siente en el costado, sobre el hueso que tocas al ponerte la mano en la cadera. Y si el dolor baja por debajo de la rodilla y viene con hormigueo, lo primero que hay que mirar es la columna.
No es infalible. Es por donde se empieza. Y estas seis no son todas: hay dolor de cadera que viene de la columna, de la articulación sacroilíaca, de un tendón de la ingle o de una enfermedad reumática. Y al revés: una cadera enferma puede doler solo en la rodilla.
Bursitis trocantérica, o trocanteritis
El bulto duro que tocas al ponerte la mano en el costado de la cadera es el trocánter mayor. Ahí se anclan los músculos que sostienen la pelvis cada vez que apoyas una sola pierna. Cuando eso duele, duele ahí: en el costado, no en la ingle. Y duele al apretar el punto con el dedo. La coxartrosis, por fuera, no suele doler al tocarla.
No dormir de ese lado también sale en la lista del desgaste. Aquí hay una diferencia: del otro lado tampoco aguantas, porque la pierna de arriba cruza y estira el tendón contra el hueso. Duele al subir escaleras, al estar parado mucho rato, al sostenerte en una pierna para ponerte el pantalón.
Se llama bursitis por costumbre. Lo que casi siempre está dañado son los tendones de los glúteos donde se pegan al hueso, más que la bolsa que los amortigua. Y la etiqueta de bursitis de cadera se pone rápido y se comprueba poco: a mucha gente le infiltran el costado y no mejora, porque lo que dolía estaba dentro. Aparte va el tendón roto: ahí manda la debilidad y no el dolor —cojeas hacia ese lado, se te cae la pelvis al apoyar esa pierna— y el manejo cambia.
Necrosis avascular de la cabeza femoral
A la cabeza del fémur le llega la sangre por unos vasos finos que suben pegados al cuello. Hay alguna vía alterna, pero no alcanza. Si ese riego se interrumpe, el hueso de dentro se muere. También se le llama osteonecrosis, o muerte del hueso de la cadera. La esfera aguanta un tiempo con la forma intacta, pierde resistencia y, si el proceso sigue, termina hundiéndose.
Duele donde duele la coxartrosis: en la ingle, profundo, bajando al muslo. Por eso se confunde. Lo que cambia es el resto. Se instala en semanas o pocos meses, más rápido de lo que uno esperaría de un desgaste. Duele en reposo y de noche. Y aparece en alguien demasiado joven para que la explicación sea el desgaste, muchas veces entre los 30 y los 50.
Lo que la delata es el antecedente, y solo sale si alguien lo pregunta: cortisona en dosis altas o por mucho tiempo, consumo alto de alcohol, una fractura o una luxación de cadera antiguas, quimioterapia, lupus. Con frecuencia está también en la otra cadera, todavía sin dolor. Y esto es lo que más pesa: la radiografía puede salir normal con una necrosis ya instalada. Si hay sospecha y la placa no muestra nada, lo que la ve es la resonancia. Mientras la cabeza conserva la forma hay procedimientos que buscan salvarla, ninguno con garantía; cuando se hunde, esa puerta se cierra. No es cosa de horas, es cosa de no dejarlo un año.
Choque o pinzamiento femoroacetabular
Los dos huesos no encajan con holgura. O la cabeza del fémur no es del todo redonda y trae un reborde extra en el cuello, o el acetábulo cubre más de lo que le toca, o las dos cosas. Al doblar la cadera y meter la rodilla hacia adentro, ese reborde topa contra el borde de la cavidad y lo que queda en medio —el labrum y el cartílago— se lleva el golpe.
Duele adelante y profundo, en la ingle. Hay un gesto que lo delata: al señalar dónde duele, agarras la cadera con la mano en C, el pulgar detrás y los dedos en la ingle. No es un dolor de fondo. Es un pellizco que llega en una posición concreta y se va: ponerte en cuclillas, atarte las agujetas, quedarte sentado en un asiento bajo. Aparece sobre todo entre los 20 y los 45. El desgaste de cadera duele según la distancia que caminas; el pinzamiento, según el movimiento que haces.
Y esto antes que nada: tener la forma no es tener la enfermedad. Muchísima gente tiene ese reborde en la radiografía y nunca le duele nada. Para llamarlo choque femoroacetabular tienen que coincidir tres cosas: los síntomas, lo que se encuentra al explorarte y lo que se ve en la imagen. Con una placa sola no se diagnostica, y con una placa sola no se opera.
Lesión del labrum
El labrum es un anillo de fibrocartílago pegado al borde del acetábulo. Hace de junta: profundiza la cavidad y sella el líquido dentro. Cuando se desgarra, la cadera pierde ese sello y el borde suelto se mete entre los huesos.
Duele en la ingle, y suele traer algo más: sensación mecánica. Un clic que duele, un enganche, la impresión de que la cadera se traba o se va un instante. No es exclusivo suyo —el pinzamiento, un fragmento suelto de cartílago o una cadera inestable dan cosas parecidas—, pero es lo que más hace pensar en el labrum. Casi nunca viene solo: la mayoría de los desgarros aparecen sobre una cadera que ya tenía un pinzamiento debajo, o poco cubierta de nacimiento, o después de un giro brusco.
Que la resonancia reporte una lesión del labrum no significa que sea la causa de tu dolor: en estudios hechos a personas sin ninguna molestia de cadera, la mayoría tiene ese mismo hallazgo. Es un hallazgo, no un diagnóstico. Lo que lo convierte en tu diagnóstico es que la historia, la exploración y la imagen señalen el mismo sitio. Y cuando aun así hay duda, poner anestesia dentro de la articulación aclara bastante: si el dolor de la ingle se apaga, viene de dentro.
Síndrome de cadera en resorte
Un tendón pasa por encima de un relieve del hueso y, en vez de deslizarse, salta de golpe. Eso es el chasquido. La gente lo cuenta así: que la cadera truena, que suena al caminar, y a veces que se le sale, porque el salto se ve por fuera.
Hay dos, y no se parecen. El externo: la banda que baja por el costado del muslo salta sobre el trocánter mayor, se oye y se siente en el costado al caminar. El interno: el tendón del psoas salta sobre el relieve del hueso de la pelvis, y se siente en la ingle al pasar la pierna de doblada a estirada. Le pasa sobre todo a gente joven y activa.
Lo que más importa aquí es lo que no hay que hacer con esto: muchísimas caderas en resorte no duelen. Solo hacen ruido, y el ruido no es señal de que algo se esté desgastando. Del labrum se separa casi siempre por una cosa: el chasquido lo puedes provocar cuando quieras, con un movimiento concreto; el enganche del labrum llega solo, duele y te frena. Distinto es sentir que la cadera se sale de su sitio, o que te falla y te tira: eso ya no es un tendón que salta y se mira aparte.
Fractura de cadera y de cuello femoral
Fractura de cadera no quiere decir que la articulación se rompa: se parte el extremo superior del fémur, casi siempre en el cuello o justo por debajo, a la altura de los dos bultos del hueso. Por dónde rompe cambia todo: la del cuello femoral pasa por la zona por donde entra la sangre a la cabeza del fémur, así que puede dejarla sin riego.
Le pasa sobre todo al adulto mayor con hueso frágil, y casi siempre con una caída de su propia altura: resbalar en el baño, tropezar con un tapete. Duele en la ingle o en la parte alta del muslo, no puedes apoyar esa pierna y duele al mínimo intento de girarla. Y hay algo que despista: la cadera se queja en la rodilla. A veces, en el adulto mayor que se cayó, el único dolor claro es el de la rodilla de ese lado.
Hay otra que no viene de ninguna caída: la fractura por estrés del cuello femoral, en quien subió carga de golpe. Corredores, militares, mujeres jóvenes que entrenan fuerte y dejaron de menstruar. Empieza doliendo en la ingle solo al correr y acaba doliendo al caminar. Esa progresión no se aguanta: hay que dejar de correr y que te vean pronto, porque si se completa y se desplaza, el problema pasa a ser mucho mayor.
Dos cosas más. Hay fracturas encajadas con las que todavía se puede caminar cojeando, así que caminar no la descarta. Y la radiografía puede no verla: si te tomaron una placa, te dijeron que no había fractura y sigues sin poder apoyar la pierna, el estudio no está terminado. Esta es la única de las seis que se atiende el mismo día, y de eso son las señales de aquí abajo.
Si te caíste y la cadera te duele al apoyar, esto es urgencias, hoy
No es para asustarte. De las seis de arriba hay una que no espera a una cita, y hay otras dos que ni siquiera están en la lista y tampoco esperan.
- Te caíste y no puedes apoyar esa pierna, aunque la caída pareciera de nada. Con osteoporosis, cortisona o más de 65 años, basta con resbalar en el baño.
- Te caíste, puedes caminar cojeando, pero pasas de los 65 o tienes el hueso frágil y la cadera te duele al apoyar o al girar la pierna. Caminar no descarta una fractura.
- Desde la caída esa pierna se ve más corta y el pie te queda apuntando hacia afuera. No es el acortamiento lento del desgaste: es de golpe y tras un impacto.
- Dolor de cadera después de un choque, un atropello o una caída desde altura, a cualquier edad.
- Fiebre o escalofríos con dolor de cadera, sobre todo si vienes de una infección, una cirugía o una infiltración, traes las defensas bajas o eres diabético.
- Ya tienes una prótesis de cadera y de golpe no puedes mover la pierna, o se ve girada.
Las cuatro primeras son una fractura de cadera mientras no se demuestre lo contrario, y eso se atiende hoy, no la semana que entra. La quinta puede ser una infección dentro de la articulación; la sexta, una luxación del implante.
Y una más, por si ya fuiste: si te tomaron una placa, te dijeron que no había fractura y sigues sin poder apoyar la pierna, eso todavía hay que estudiarlo. Hay fracturas de cadera que no se ven en la primera radiografía.
Esto no se agenda. Es urgencias, hoy, en el hospital más cercano. Si dudas de si tu caso entra aquí, trátalo como si entrara.
Hay además situaciones que no son de urgencias pero que sí adelantan la cita, porque cambian lo que hay que descartar. Dolor de ingle en quien ha tomado cortisona en dosis altas o por tiempo prolongado, con consumo alto de alcohol, o con una fractura o una luxación de cadera previas. La edad no lo descarta: pasa igual a los 35 que a los 60, y con más razón si duele acostado y de noche. Que la radiografía haya salido normal no cierra el tema.
Dilo desde el primer minuto de la consulta si el dolor de la ingle o del muslo crece semana a semana sin que hubiera golpe y te despierta de noche, y vienes de un cáncer tratado o estás bajando de peso sin proponértelo. Dilo también, con esas palabras, si llevas años con medicamento para la osteoporosis y apareció un dolor de ingle o de muslo que empeora al caminar. Y una fractura previa por una caída leve se estudia como hueso frágil, no solo como hueso roto.
Nada de esto es para hoy en urgencias. Es para no dejarlo tres meses, que es lo que suele pasar.
De estas seis, la mayoría no termina en quirófano
Cuatro de las seis casi nunca llegan a cirugía. La bursitis trocantérica se saca adelante con trabajo de fuerza dirigido y corrigiendo las posiciones que aprietan el tendón contra el hueso; la infiltración alivia un tiempo, pero no es el plan de fondo. La excepción es el tendón roto. La cadera en resorte, menos todavía: cuando no duele, no se trata; se explica y se deja en paz. El pinzamiento y el labrum empiezan por fisioterapia dirigida y ajuste de la actividad, y solo una parte llega a artroscopía; cuando se repara un labrum se corrige a la vez la forma del hueso que lo desgarraba, porque hacer una cosa sin la otra deja el trabajo a medias. Y hay dos situaciones en las que la artroscopía no es el camino: la cadera poco cubierta de nacimiento, porque ahí el problema es la cobertura, y la artrosis ya instalada, porque ahí rinde mal.
Las otras dos van aparte. La fractura sí se opera, casi siempre y pronto: lo habitual es dentro de las primeras 24 a 48 horas, para volver a moverse cuanto antes; cuánto se recupera después depende mucho de cómo estaba la persona antes de caerse. Y en la necrosis lo que manda no es cuánto duele: es si la cabeza del fémur ya se hundió o todavía no.
Por eso el orden importa: primero saber qué tienes, después decidir qué se hace. Al revés es como llega mucha gente, con un tratamiento puesto encima de un diagnóstico que nadie comprobó. El nombre sale casi siempre de lo básico: la historia clínica, la exploración física y una radiografía bien tomada. La resonancia no se pide de entrada, sino cuando hay una sospecha concreta: una necrosis con placa normal, un labrum, un tendón del glúteo roto. Si llevas meses con dolor de cadera y todavía nadie te ha dicho de qué es, eso es por donde empieza una valoración: ponerle nombre a lo que tienes, o decirte qué falta para poder ponérselo.