Hermina Martínez
Hace un año
El Dr. Álvarez me hizo el reemplazo de la rodilla derecha por una prótesis. La cirugía fue muy bien y la rehabilitación también. Lo recomiendo ampliamente, es un excelente médico y ser humano.
La mayoría del dolor de espalda mejora sin operar. Lo que sí cambia el plan es otra cosa: dolor que baja por la pierna, pérdida de fuerza, tener que sentarte a media cuadra.
Si perdiste el control de la orina, se te durmió la entrepierna o pierdes fuerza de un día para otro, no pidas cita: ve a urgencias.
Antes de aceptar una cirugía
Llevas meses así. Ya dejaste cosas que hacías. Y de pronto te cae encima la palabra cirugía, con prisa.
Veo llegar a consulta muchas articulaciones que ya vienen sentenciadas: alguien decidió por ellas antes de revisarlas a fondo. Mi trabajo no es venderte una prótesis, es decirte la verdad y darte opciones.
En la consulta reviso tus estudios, te exploro, y si necesitas cirugía te explico exactamente en qué consiste. Y si no la necesitas, también te lo voy a decir.
Dr. Eduardo Álvarez Lozano · Ortopedia y Traumatología
Pacientes
Pacientes operados por el Dr. Álvarez Lozano hablando de su propio proceso.
Cuándo se opera y cuándo no
El dolor de columna —espalda baja o cuello— es uno de los motivos de consulta más frecuentes que hay, y la mayor parte de los episodios cede en unas semanas con manejo conservador: medicamento, terapia dirigida y ajustar la actividad. La cirugía no es el escalón que sigue al dolor. Lo primero en la consulta no es planear una operación: es descartar que haga falta.
Lo que cambia el planteamiento no es cuánto te duele la espalda. Es que el nervio ya esté metido en el problema. Si te reconoces en varios de estos puntos, vale la pena una valoración formal.
Un matiz sobre la fuerza, porque es el punto que más se deja pasar: si la perdiste de golpe o va empeorando, eso no espera un mes. Se valora en días. Y si aparece cualquiera de las señales de aquí abajo, hoy mismo.
Esto no está aquí para asustarte. Está aquí porque es la parte que nadie debería dejar de decirte: hay cuadros de columna que no se valoran en un consultorio la semana que entra. Se valoran hoy, en un servicio de urgencias.
Cualquiera de estas puede corresponder a un síndrome de cauda equina —los nervios que salen al final de la columna quedan comprimidos—, a una infección o a una fractura. En los tres casos lo que más pesa en el resultado es qué tan rápido te atienden.
No agendes consulta: ve al servicio de urgencias más cercano. Un consultorio no sustituye a urgencias, y esta página tampoco. Si tienes duda de si tu caso es de estos, trátalo como si lo fuera.
Hay además antecedentes que no son para urgencias, pero que sí adelantan la cita y cambian lo que hay que descartar: tener o haber tenido cáncer, estar bajando de peso sin proponértelo, tomar cortisona de forma prolongada o tener las defensas bajas, o haber pasado hace poco por una infección, una infiltración o una cirugía de columna. Dilo desde el primer minuto de la consulta y no dejes correr las semanas.
Pasada cierta edad, muchísimas personas que no tienen ningún dolor tienen en la resonancia hernias, discos deshidratados y desgaste. Es un hallazgo, no un diagnóstico. La imagen sola no indica cirugía.
Lo que convierte esa hernia en tu hernia es que explique exactamente el nervio que te duele: por dónde baja el dolor, dónde perdiste sensibilidad, qué reflejo cambió, qué movimiento se te debilitó. Eso se busca en la exploración física, con tus estudios enfrente. Si coinciden, hay algo que operar y se te explica qué. Si no coinciden, operar esa hernia no te va a quitar el dolor.
Y conviene saber de entrada qué alivia una cirugía de columna y qué no. Cuando hay un nervio comprimido, la cirugía se dirige sobre todo a ese dolor que baja a la pierna o al brazo. Sobre el dolor de espalda o de cuello por sí solo, sin nervio de por medio, el resultado es bastante menos predecible: puede mejorar, puede quedarse como está. Eso se habla antes de decidir, no después.
Por eso la decisión no sale de la imagen: sale de juntar la imagen con la exploración. Si te proponen operarte de la columna solo con la resonancia en la mano, sin explorarte y sin explicarte qué nervio explica tu dolor, pedir una segunda opinión es lo razonable.
Con quién te vas a operar
La duda razonable antes de una cirugía articular no es si duele: es en manos de quién la pones. Esta es la trayectoria del Dr. Álvarez Lozano, punto por punto.
, con especialidad en Ortopedia y Traumatología en el Hospital Universitario "Dr. José Eleuterio González".Qué es exactamente
No existe "la" cirugía de columna. Existen varias, y cada una resuelve un problema distinto. Antes que todas ellas está el tratamiento que no pasa por el quirófano, y ahí es donde se empieza.
La mayor parte del dolor de espalda mejora sin cirugía. Por eso el tratamiento empieza por lo menos agresivo: control del dolor con medicamento, fisioterapia dirigida —un programa hecho para tu caso, no una tabla de ejercicios sacada de internet— y, en casos seleccionados, infiltraciones para bajar la inflamación alrededor de la raíz nerviosa y dejar que la rehabilitación avance.
¿Cuánto se prueba antes de hablar de quirófano? Como referencia general, entre seis semanas y tres meses de tratamiento bien llevado. No es un número mágico: es el plazo en el que la mayoría de las hernias que duelen por la pierna mejoran solas, muchas veces porque el propio fragmento de disco se reabsorbe. Operar antes de eso, sin una razón que lo justifique, puede terminar siendo operar a alguien que iba a mejorar de todos modos.
Hay una situación que sí acorta ese plazo: la pérdida de fuerza clara en un músculo concreto —el pie que se arrastra, el talón que no levanta—. Un nervio comprimido tiene su propio reloj y no negocia, así que ahí la conversación sobre operar se adelanta. Y hay otra que no admite plazo ninguno.
Hay señales que no se estudian con calma ni se tratan con fisioterapia. Si te reconoces en alguna, no pidas cita: ve el mismo día al servicio de urgencias del hospital más cercano.
Las dos primeras pueden corresponder a un síndrome de cauda equina —la compresión del manojo de nervios con el que termina la médula— y ahí las horas que pasan se pagan en función que después no vuelve. Ninguna de estas señales se resuelve por WhatsApp ni conviene dejarla para el lunes.
Es la que se plantea con más frecuencia cuando una hernia comprime una raíz y el dolor baja por la pierna. Por una incisión pequeña y con visión aumentada se retira el fragmento de disco que está apretando el nervio. No se quita el disco entero ni se "acomoda" en su sitio: se retira lo que estorba.
Conviene saber qué resuelve y qué no. Va dirigida al dolor de la pierna, y ahí es donde más rinde; el dolor lumbar de fondo puede mejorar o puede quedarse. El adormecimiento y la fuerza tardan más que el dolor en recuperarse y no siempre vuelven del todo. Y el disco operado puede volver a herniarse: no es lo habitual, pero pasa, y se dice antes, no después.
Es la cirugía típica de la estenosis de canal. El túnel por el que bajan los nervios se fue estrechando con los años: el ligamento se engrosa, las articulaciones de atrás se desgastan, el disco abomba. El síntoma que la delata es caminar y que las piernas empiecen a pesar, a arder o a adormecerse a partir de cierta distancia, y que sentarse o inclinarse hacia adelante lo alivie.
Se retira el techo del canal —la lámina—, entero o en parte, junto con el ligamento engrosado, para devolverle espacio al nervio. Lo que mejor suele recuperarse es la distancia que puedes caminar. No rejuvenece la columna: el desgaste sigue ahí, lo que deja de haber es compresión. Y como el canal puede volver a estrecharse con los años, tampoco es una vacuna contra volver a operarse.
Se unen dos vértebras —a veces más— para que dejen de moverse una sobre otra. Se coloca hueso para que suelden y, normalmente, tornillos y barras que sostienen el segmento mientras consolida. Eso tarda meses, no días; fumar lo entorpece, y a veces la soldadura no cuaja y hay que volver a intervenir.
Se plantea cuando hay inestabilidad: una vértebra que se desliza sobre la de abajo —espondilolistesis—, un segmento que se mueve de más en las radiografías dinámicas, una deformidad, o una descompresión tan amplia que dejaría el segmento suelto. Un disco degenerado en la resonancia, por sí solo, no es indicación de fusionar.
Al fusionar un segmento, el movimiento que ese segmento hacía no desaparece: se reparte entre el de arriba y el de abajo. Con los años esos vecinos trabajan más de lo que les tocaba y pueden desgastarse antes. Es lo que se llama enfermedad del segmento adyacente, y es una de las razones por las que una fusión no se pone "de más" ni se añaden niveles por si acaso.
Se sigue discutiendo cuánto de ese desgaste lo provoca la fusión y cuánto es la evolución natural de una columna que ya venía degenerando. Lo que no se discute es lo otro: ese segmento pierde movilidad y no la recupera. Es una decisión sin marcha atrás, y por eso se toma cuando hay una razón mecánica que la sostenga, no para reforzar una descompresión que se aguantaba sola.
Quién decide, en realidad: no lo decide el catálogo, ni la técnica que esté de moda, ni la preferencia del paciente. Lo deciden dos cosas que tienen que coincidir: lo que se ve en los estudios de imagen y lo que se encuentra en la exploración física. Una resonancia con una hernia no significa gran cosa por sí sola, porque los discos abombados y los desgastes aparecen también en personas que no tienen ningún dolor. Lo que convierte ese hallazgo en un problema operable es que el dolor, la pérdida de fuerza o el reflejo apagado correspondan al nervio que se ve comprimido. Cuando la sospecha es de inestabilidad hacen falta además radiografías en flexión y extensión, porque un deslizamiento solo se ve con la columna en movimiento.
Todo eso se te explica con tus estudios enfrente y antes de programar nada, con las opciones que no son cirugía puestas sobre la mesa. Si tu caso corresponde a un manejo distinto del que se hace aquí, se te dice y se te orienta a dónde acudir. Y si alguien te propone una fusión sin haberte explorado y sin haber visto tus estudios, pide una segunda opinión.
Antes de hablar de operar hay que saber si hace falta, y eso se resuelve en la valoración. Esto es lo que incluye y con lo que sales de ella.
Consulta de valoración
Cada caso se valora de manera individual. Si procede la cirugía, el presupuesto se entrega por escrito tras la consulta; no constituye una cotización formal ni una promesa de resultado.
Convenios médicos
También se atiende a pacientes particulares sin seguro. ¿No ves la tuya? Escríbenos por WhatsApp y lo revisamos.
Preguntas frecuentes
Antes de las dudas sobre la cirugía, una que no puede quedar escondida en un desplegable: si pierdes el control para orinar o para retener el intestino, si se te adormece la zona que apoya en la silla de montar o si la pierna se te debilita en cuestión de horas o días, no pidas cita: ve hoy a urgencias.
La mayor parte del dolor de espalda no es una urgencia, pero hay un grupo corto de señales que sí lo son y conviene que las tengas claras. Ve a urgencias el mismo día si empiezas a perder el control para orinar o para retener el intestino, si se te adormece la zona que apoya en la silla de montar —entrepierna, genitales, ano— o si la fuerza de una pierna o de las dos se va cayendo en cuestión de horas o días. Esas señales apuntan a una compresión que se atiende con el reloj en la mano.
También van a urgencias y no a la agenda: el dolor de espalda que aparece tras un golpe fuerte o una caída —o tras una caída leve si tienes osteoporosis—, el que viene acompañado de fiebre, y el que no cede en reposo, te despierta de noche y se suma a pérdida de peso sin explicación o a un antecedente de cáncer. Ninguna de estas señales significa por sí sola que vayas a terminar operado; significan que hay algo que hay que descartar hoy y no en tres semanas. Todo lo demás sí se puede ver con calma en consulta.
Es la primera pregunta de casi todos y merece una respuesta directa: el riesgo existe, es bajo y no se puede volver cero. Una lesión neurológica grave es una complicación poco frecuente de la cirugía de columna. Lo que la acota no es una promesa, es el trabajo previo: una indicación correcta, estudios recientes, un plan quirúrgico cerrado antes de entrar al quirófano y las medidas de protección del tejido nervioso que cada caso requiera. En la consulta se te explican los riesgos que aplican a tu caso concreto, no una lista genérica.
La otra cara casi nunca se dice: hay cuadros en los que el nervio ya está en riesgo por la compresión, no por el quirófano. Si pierdes el control de esfínteres, se te adormece la zona que apoya en la silla de montar o las piernas se te debilitan en cuestión de días, eso no espera una cita: es urgencias.
Depende de qué tengas, y en la mayoría de los casos la respuesta es tranquilizadora: la mayor parte del dolor de espalda no se opera nunca. Sin señales de alarma, lo habitual es que mejore con medicamento, terapia dirigida y tiempo, y eso es lo primero que se revisa en la consulta.
En una estenosis el curso suele ser lento: hay pacientes que se mantienen años igual y otros a los que la distancia que pueden caminar se les va acortando poco a poco; ahí la decisión es de calidad de vida, no de urgencia. Donde no operar sí sale caro es cuando hay debilidad que progresa o una compresión que ya está dañando la raíz: ahí el nervio puede quedar con secuela y el tiempo deja de jugar a favor. Por eso la consulta empieza clasificando en cuál de esos escenarios estás, no eligiendo técnica.
Sí, ocurre, y es una de las razones por las que la primera indicación casi nunca es el quirófano. En muchos casos el material herniado se deshidrata y el cuerpo lo va reabsorbiendo con el tiempo; buena parte de los pacientes con dolor que baja por la pierna mejora con manejo médico y terapia dirigida.
Lo que no se puede es esperar a ciegas. Si hay pérdida de fuerza, si el hormigueo se extiende o si el déficit avanza, esperar deja de ser una opción neutra. Esa es la diferencia entre esperar con un plan y esperar sin él: en el primero hay fechas de revisión y señales concretas que cambian la conducta.
Porque la resonancia no es el diagnóstico. A partir de cierta edad casi todas las columnas muestran discos degenerados y abombamientos, también en personas que no tienen ningún dolor; lo que decide no es la imagen sola, sino que la imagen explique el dolor que tú tienes y coincida con lo que aparece al explorarte.
Que dos médicos lleguen a conclusiones distintas es más común de lo que parece y no convierte a ninguno en el malo: cambia el peso que cada quien le da a la imagen, a la exploración y a cuánto te está limitando el dolor hoy. Lo que sí puedes esperar de cualquiera de las dos consultas es que te exploren, que te expliquen qué pasa si no te operas y que te dejen tiempo para decidir. Si algo de eso falta, pedir una segunda opinión no es desconfianza: es lo mínimo razonable.
No hay una sola respuesta porque no hay una sola cirugía. Una microdiscectomía o una descompresión se recuperan en un orden de semanas; una artrodesis se mide en meses, porque además de cicatrizar los tejidos hay que esperar a que el hueso consolide.
Son rangos generales, no una promesa sobre tu caso: la edad, el peso, el trabajo al que regresas y cuántos niveles se intervienen mueven mucho esa cuenta. El tabaco, en concreto, juega en contra de que una fusión consolide. El plan de tu procedimiento, con sus tiempos, se te explica antes de programar y no después.
La mayoría vuelve a entrenar, pero no de inmediato y no siempre a lo mismo. Primero se recupera caminar y el trabajo de estabilidad del tronco; la carga axial fuerte —sentadilla con barra, peso muerto, levantar cosas del piso con la espalda doblada— es de lo último que se autoriza.
Después de una artrodesis, algunos gestos pueden quedar limitados de forma permanente según cuántos niveles se fijaron y dónde. Correr es impacto repetido: se retoma por criterios, no por fecha. El límite concreto de kilos y de gestos te lo tiene que dar por escrito quien te opera, con tu caso enfrente; desconfía de una cifra genérica sacada de internet.
Sí, en el segmento operado: fusionar significa que esas vértebras dejen de moverse entre sí, y eso es justamente lo que se busca cuando el problema es inestabilidad. Cuánto lo notas depende de cuántos niveles se fijan y de dónde están; un nivel lumbar aislado suele pasar más desapercibido que una fusión larga.
Y va la contrapartida honesta: el movimiento que ese segmento ya no hace lo asumen los vecinos, y con los años eso puede desgastarlos más rápido. Por eso una artrodesis se reserva para cuando hay inestabilidad o deformidad que la justifique, no como respuesta a un dolor de espalda sin más.
No siempre. Una microdiscectomía o una descompresión aislada normalmente no llevan material; los tornillos entran cuando hay que fusionar, y su trabajo es sostener el segmento mientras el hueso consolida.
Cuando la fusión pega, quien sostiene es tu propio hueso y no el metal; por eso los implantes se quedan puestos y retirarlos solo se plantea si con el tiempo llegan a dar problema. El material se cotiza aparte de los honorarios quirúrgicos y se te entrega desglosado antes de programar.
Depende del procedimiento: una microdiscectomía o una descompresión suelen implicar una estancia corta; una artrodesis, más. El número que aplica a tu caso se te confirma al programar.
El alta no la marca el calendario, sino tres cosas: que el dolor se controle con medicamento por vía oral, que puedas levantarte y caminar con seguridad, y que la herida esté tranquila y orines sin dificultad. Los días de hospital se cotizan por separado de los honorarios quirúrgicos y se te entregan desglosados antes de programar.
La mayor parte de la cirugía de columna se hace con anestesia general: en los abordajes más frecuentes se opera boca abajo y hay que controlar tu respiración durante todo el procedimiento. En casos seleccionados puede plantearse una técnica regional.
Esa decisión no la toma el cirujano sino el anestesiólogo, después de tu valoración preanestésica y de revisar corazón, pulmones y antecedentes. Y algo que conviene no saltarse: si tomas anticoagulantes o antiagregantes, dilo desde la primera consulta y no los suspendas por tu cuenta; cuándo y cómo se pausan lo indica quien te los recetó, y eso cambia la preparación y las fechas.
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La artrosis es degenerativa: no se detiene sola. Una valoración de 40 minutos te dice exactamente en qué punto estás y qué opciones tienes, quirúrgicas y no quirúrgicas.
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